Nada Muere En La Naturaleza

El Misterio de la Muerte, Capítulo 1

La muerte y la inmortalidad, están ambas inmanentes en la naturaleza de todo lo que existe; todo eso combina en sí mismo la materia y el espíritu. La materia no es sino la pantalla proyectora del espíritu; el espíritu omnipresente que atrae a la materia en variables grados de densidades y vibraciones para manifestarse él mismo en diversos moldes de formas y colores, a diferentes niveles de existencia. El espíritu por sí mismo, sin la cobertura material para manifestarse en el plano terrenal, está inválido, ya que al espíritu sin la cubierta de materia no se le puede ver con los ojos de la carne, tai y como la fuerza de la primavera se hace sentir sólo cuando actúa en las flores y en los frutos, al hacer reventar los capullos para que se conviertan en flores lozanas y frutos de sabor delicioso.

El hombre representa en sí la doctrina de la Trinidad sobre la tierra, ya que combina en su ser, cuerpo, mente y alma; la última es de la escenia de Dios, el aliento de vida que vivifaca a ambos, cuerpo y mente, haciendo de uno un hombre viviente con el aliento de Dios agitándose en él de la cabeza a los pies.

El cuerpo humano es materia individualizada, como el espíritu que está oculto en él parece ser un espíritu individualizado, como el sol reflejado en numerosos aguamaniles. Al momento de la muerte, el cuerpo al estar compuesto de diferentes elementos, se disuelve y regresa al depósito cósmico de substancias,fusionándose finalmente en la única substancia primordial, y el alma regresa a Dios.

“En cuanto se suelta el cordón de plata,
el cáliz de oro se rompe como un cántaro
en la fuente o como la polea en la cisterna.
Entonces el polvo vuele a la tierra de donde
salió y el espíritu vuelve a Dios,
quien le dió el ser”.
— Eclesiastés 12:6-7

Un hombre viviente no es algo independiente, ni está separado del Poder Supremo que fluye en él. Es un producto del Poder Supremo, que actúa en el plano material por medio de un cuerpo organizado de ondas que producen un estado de conciencia en él. El hombre existe cuando el Poder Supremo entra en él y circula por toda la forma de su cuerpo; pero cuando ese Poder se retira hacia Sí mismo, deja de ser una entidad viviente, ya que cesan en él todas las actividades funcionales, y ¿qué queda? — sólo una masa de materia inerte, lo mismo que antes en forma y substancia, pero sin el vivificador impulso de vida que estaba latiendo en él momentos antes.

Igual que el hombre, todo el universo es una manifestación del único principio de vida, el principio de conciencia viviente en diferentes grados, desde el Logos hacia abajo hasta los átomos de los elementos materiales que están perpetuamente movéndose en forma rítmica formando y reformando en rápida sucesión muchos modelos por medio del Poder Supremo que está actuando en y sobre ellos. En resumen, la Inteligencia del universo habita, y por siempre morará una y otra vez, en el corazón de cada átomo que está danzando a su acorde como la eterna danza de Siva, la encarnación viviente de Shakti, la Madre del Universo. En la cosmogonía esotérica, la teoia de la materia ‘muerta’ no tiene lugar, ya que la materia no puede existir por sí misma sin la potencia cohesiva inherente en ella. La materia es en realidad energía en form congelada.

En la filosifía antigua, se hacía una clara distención entre el ‘ser’ y la ‘existencia’. El Logos, el Verbo o Palabra arquetipo, en el ser verdadero, sin cambio, eterno, mientras que la ‘existencia’ es una expresión y expansión, o un movimiento hacia adelante y hacia el exterior, hacia el mundo de la manifestación, un mundo de incesantes cambios y transformaciones de momente en momento.

Los fisiólogos y médicos, igual que los botánicos, los horticultores y los floricultores, nos dicen mucho acerca de los procesos mecánicos y químocos del metabolismo del cuerpo humano, o de hecho, de cualquier organismo viviente, ya sea un árbol, una flor, una fruta, una hormiga, o un elefante; pero no pueden decirnos por qué, cómo viven, para qué viven, lo que es la vida misma, y sobre todo, qué es la conciencia que caracteriza el impulso de vida en cualquiera y en cada plano de existencia.

El ciclo cósmico comprueba que la vida es eterna. Es un proceso sin fin que continúa sin cesar, asumiendo una forma tras otra en series interminables, apareciendo, despareciendo y reapareciendo, como las olas y las burbujas en la corriente del tiempo, tiempo que rueda de eternidad en eternidad. La naturaleza no es sino un vasto depósito de vida y materia en el cual nada se pierde y nada muere, no importa como cambien las formas, y cambian caleidoscópicamente en menos de un parpadeo.

A ese proceso transformador es a lo que comunmente se le llama ‘muerte’ — muerte de una forma en un lugar y nacimiento en otra forma en otro lugar o en otro plano. El vapor invisible que se eleva desde el mar muere para convertirse en nieve visible y sólida en la cumbre de la montana y la nieve visible a su vez, siguiendo el proceso inverso — el proceso de la muerte, se derrite en agua líquida y el agua vuelve a cambiarse en invisible forma gaseosa o vapor, haciendo una cadena contiunua de causa y efecto.

De manera similar, el hombre se convierte en una entidad visible cuando el espíritu adquiere la forma humana y después, en el curso del tiempo, este mismo hombre que representa tantos papeles en el escenario de la vida (al mismo tiempo es hijo, hermano, esposo, padre; primero un infante, luege un hombre joven y al final un viejo senil), por último se vuelve invisible cuando el espíritu que está en él se retira causando, para consternación de quienes le rodean, un vacío en la vasta red de las relaciones que él tejió a su alrededor durante su existencia en el plano terrestre.

Esto es lo que realmente sucede al momenteo del cambio final cuando el cuerpo físico se desintegra y se transforma en el orden cósmico de las cosas, y las corrietes de vida se fusionan con el gran principio de vida cósmico que es vitalmente orgánico en la naturaleza y no químicamente inorgánico y mecánico.

La muerte no es lo que parece ser, y por lo que se la toma en lenguaje común. La muerte y la vida son términos correlativos en el plano terrenal únicamente; pero en realidad no hay difernecia entre los dos y de hecho uno no puede distinguirse del otro por el contraste de calidades opuestas, ya que la muerte no se puede tragar a la vida, y tampoco puede ponerle fin a la vida. Es sencillamente un proceso intercambiable, como los dos lados de una moneda rotando sobre su eje.

¿No vemos el día y la noche, luz y obscuridad yendo y viniendo alternativamente a medida que la rodante tierra gira y se traslada alrededor del sol, produciendo sombras de variadas longitudes en diferentes lugares, mientras el sol mismo continúa brillando todo el tiempo? La muerte no significa extinción o aniquilación total como se cree a veces. Es sólo un cambio de conciencia de un plano de exitencia a otro plano de existencia.

La vida es por el contrario, un proceso continuo que no conoce fin, ya que la llamada muerte que sigue a la vida, no es ausencia de vidal sino vid en otra forma en otro lugar, aquí en la tierra o en otro lado y en una forma diferente, con un nombre diferente y bajo diferentes circunstancias, según lo decretado por el Designio Divino que actúa en la inexorable ley de acción (Karma) ‘de según lo que siembres, cosecharás’.

Al ser la vida una expresión positiva del Ser Supremo, no está sujeta a la negatividad de la muerte, y esta última por lo tanto, no puede extinguir a la primera, a la llama eterna de vida.

Tenemos los testimonios de una línea ininterrumpida de Maestros, quienes ensenaros que la vida y la muerte son sólo palabras en el mundo de la dualidad, utilizadas para describir el efecto superficial o el cambio circunferencial del estado de conciencia del Ser Interno que habita en el centro. Estos son solamente estados visibles e invisibles en el ciclo cósmico a través del cual pasa el hombre interno. La lamentable, horripilante y tan temida muerte, es en realidad un renacimiento (volver a nacer el hombre interno) a una vida que puede ser mucho más feliz y más bella de lo se haya conocido hasta ahora.

“La muerte, la imponente y desgarradora muerte”,
dice Kabir, “es para mí un presagio de vida alegre,
y le doy alegremente la bienvenida”.

Los Evangelios también hablan del Reino de Dios que lo espera a uno más allá de la puerta de la muerte:

[Q] “A menos que un hombre vuelva a nacer,
no puede ver el Reino de Dios.
A menos que un hombre nazca de agua y de espíritu
No puede entrar al Reino de Dios.
Lo que es nacido de la carne , carne es:
y lo que es nacido del espíritu, espíritu es….
El viento sopla hacia donde es oído y tú puedes
oír su sonido; pero no puedes decir
de dónde viene y hacia dónde va:
así es todo aquel que nace del espíritu”.
— Juan 3:3-8

De este modo, con cada muerte sucesiva o disolución de la forma, el espíritu liberado del molde sólido, se renueva de energía en energía y de potencia en potencia, y adquiere un mayor estado de conciencia, más amplio de lo que jamás haya tenido.

Maulana Rumi dice en este contexto:

Morí como mineral y llegué a ser planta,
Morí como planta y ascendí a animal,
Morí como animal y me convertí en hombre.
?Por qué habría de temer? ?Cuando degradé muriendo?
Y una vez más deberé morir como hombre, para
encumbrarme con ángeles benditos: pero aún
desde la condición de ángel tengo que seguir adelante.
Todo perece excepto Dios.
Cuando haya sacrificado mi alma angelical,
Me convertiré en lo que jamás mente alguna ha concebido,
¡Oh! Permitidme no existir, porque la no existencia
Pregona en tono de Organo: “A El regresaremos.”

Muerte es pues otro nombre para designar un cambio en el principio central de vida, el eje alrededor del cual se mueve y funciona la organizada mónada de vida. Es el cambio de un estado de circustancias a otro estado de circunstancias, en diferentes formas y bajo diferentes condiciones, como mejor convenga para el desenvolvimiento final hacia una completa eflorecencia de Ser o la mónada viviente, que conduce a una consciencia cada vez mayor de los valores espirituales de la vida y alcanza los más elevados de estos:

“He aquí que es revelo un misterio:
no dormiremos (en la muerte),
sino que todos cambiaremos, en un instante,
en un parpadeo…
surgiendo incorruptibles…
revistidos de incorruptibilidad…
e inmortalidad…
absorbiendo a la muerte en la victoria
(desafiando) el aguijón (de ambas) de la muerte
y (el temor de) la gracia.
— I Cor. 15:51-55

En ‘La Incógnita del Hombre’ Alexis Carrel dice:

“El hombre está hecho de una procesión de fantasmas
en medio de los cuales campea la incognoscible Realidad.”

Igualmente Nanak habla de sí mismo en términos muy semejantes:

“En medio del molde físico externo
llamado Nanak, trabaja el Poder invisible
del Ser Supremo.”

En el Bhagavad Gita, el Canto de El Adorable, Bhagavan Krishna, el séptimo avatar de Vishnú, de la famosa tríada de la mitología hindú, nos dice:

Sabe tú, ¡Oh Príncipe de los Pandu!
que nunca hubo un tiempo en que ni Yo, ni tú,
ni ninguno de estos príncipes de la tierra,
no existiese; ni jamás llegará el tiempo
en que ninguno de nosotros cese de existir.
Así como el alma, que usa este cuerpo material,
pasa por la experiencia de las etapas
de la infancia, la juventud, la edad viril
y la vejez, también así, a su debido tiempo,
pasrá a otro cuerpo, y en otras encarnaciones
volverá a vivir, a moverse, a representar su papel.
Aquéllos que han alcanzado la sabiduría
de la Doctrina Interna, saben estas cosas
y no se conmueven por nada que llegue a suceder
en este mundo cambiante —
para ellos la Vida y la Muerte no son sino palabras
y ambas son sólo aspectos superficiales
del más profundo Ser (interno).

En estas condiciones, está claro que bajo la ley cósmica cíclica, todas las cosas se mueven en círculo y todas las cosas son eternas. La danza de Siva, que es al mismo tiempo el dios de la muerte y la muerte que conduce al renacimiento, no pocas veces a un nivel más elevado de existencia, sigue y sigue eternamente. Bajo este constante girar de la rueda de la vida, el hombre, mediante un proceso de evolución o crecimiento, continúa cambiando de un ser sólo fisico a uno astral, después a uno causal y finalmente a un ser espiritual en varios planos de existencia, hasta que por justicia llega al suyo propio; conoce y realiza el principio de consciencia en eterna evolución que esta en él en toda su plenitud, que es potencialmente él mismo y que abarca la totalidad de su ser.

“Todo es lo mismo, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser individual en Dios, (el Ser Universal), ya que somos Sus vástagos” (Hechos 17:28) y El es la verdadera esencia de nuestro ser, y sin Su Poder que trabaja en nosotros, no podemos existir y funcionar.

‘Lo semejante engendra lo semejante.’ Cada cosa, ya sea una planta, un animal o un hombre, crece desde la semilla según so género, aunque de acuerdo con un patrón de vida establecido y determinado por la cualidad inherente en la semilla:

“Dios le da (a la semilla) un cuerpo
según le place y a cada
semilla su propio cuerpo”
— I Cor. 15:38

El hombre, en el peldano más alto de la escalera de la vida sobre la tierra, no está separado de su Hacedor. El Padre está en el hijo en forma potencial y el hijo está firmemente enraizado en el Padre aunque, por razón de las circunstancias en que se encuentra, puede no saberlo debido a las limitaciones de la vestidura carnal en la que vive durante todo el tiempo que está actuando en el plano terrestre. A causa del Poder de Dios que está actuando en él, vive realmente, aunque sin saberlo, en el templo de Dios:

“¿No sabes que eres el templo de Dios sagrado
y que el Espirítu de Dios mora en tí ?”
(y por lo tanto eres tú).
— I Cor. 3:16

El término hombre es tan sólo un nombre de aplicado al espirítu de Dios encarnado, en el plano terrestre. Esta es entonces la famosa doctrina de la Santísima Trinidad: un todo consistente en tres partes, todas combinadas en el hombre: el Parde (el Espíritu Universal), el hijo (el espíritu individualizado, revistido de cuerpo, mente e intelecto) y el Espíritu Santo (los vínculos salvadores o cuerdas de vida que conectan a los dos, siguiendo las cuales el espíritu humano trasciende las ligaduras humanas). De ahí la exhortación del Profeta de Galilea:

“Sed perfectos así como vuestro Padre en el cielo es perfecto.”
— Mateo 5:48

La perfeccion viene de El Perfecto. La ‘perfección’ es, por lo tanto, la meta de la vida humana, que consiste en el desenvolvimiento del ser o evolución del espíritu individual al trascender las limitaciones del cuerpo, de la mente y del intelecto, y al hacer que brote lo que en estado latente se encuentra enraizado en las profundidades del gran mar del inconsciente aún inexplorado y desconocido. Es en verdad una difícil tarea, mas no imposible de lograr, si uno es lo suvicientemente afortunado como para entrar en contacto con un Alma Maestra, bien versada tanto en la ciencia como en el arte de Para Vidya o conocimiento de los mundos que son celestiales y que están más allá de los sentidos, los cuales nos ayudan únicamente en la región de Apra Vidya, o conocimiento del mundo empírico de observación y experimentación.

“El Reino de Dios no viene por medio de la observación;
el Reino de Dios está dentro de tí”.
— Lucas 17:20-21

El Reino de Dios no va a descender de las nubes que están arriba; ya está ahí dentro del hombre y uno puede presenciar su gloria por el procedimiento de inversión (semejante a la muerte), que es un proceso voluntario durante la vida, según lo enseñaron los Maestros a sus discípulos escogidos desde tiempos inmemoriales. Lo que un hombre ha hecho, otro hombre lo puede hacer si es que hay ayuda y guía correctas de algún Hombre Dios.

Cada Santo tuvo un pasado y cada pecador tiene un futuro.

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